Reflexiones sobre la conveniencia de copiar lo inglés a cascoporro

Probablemente con el objeto de cuadrar los pliegos, publicamos este articulillo de opinión sobre la funesta manía de la época consistente en abrazar de manera incondicional todas las tendencias musicales que llegaban de la Pérfida Albión.

Pues eso. En aquellos años surgían las modas como setas, y la inseguridad rampante de parte  del colectivo de músicos se manifestaba precisamente mediante la adopción, sin solución de continuidad, de todas las tontunas que se les ocurrían en Londres. Esto dio al traste con algunos buenos proyectos, que acusaron tanto volantazo y acabaron yendo a pique. Naturalmente esta absurda tendencia ofrecía excelentes oportunidades para el estilismo más delirante, y de alguna forma marcó el arquetipo de la movida que luego se exhibió en películas y series de TV, el rollo ese de las tribus urbanas etc.

Folklore indumentario aparte, la música en sí sufría bastante. Nuestro idioma no es el que mejor se lleva con el rockandroll en sus diferentes variantes, y si además se le impone ese baile de estilos pues apaga y vámonos. Esto lo han resuelto más tarde algunos de los llamados indies cantando en inglés, cómodo atajo que en la inmensa mayoría de los casos priva a las canciones del más mínimo atisbo de emoción.

Por supuesto hay excepciones, pero como punto de partida estoy en contra de la gente que canta en idiomas que no domina (y de los dogmas indies en general). Parafraseando a La Cabra Mecánica, “no me queda ni tiempo, ni dinero, ni güevos ni sentido del humor“.

Los Nikis lo resumieron perfectamente en 1998.

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Abriendo boca para el número de verano: Pantones

Después de sufrir bastante con Joy Division, y a modo de transición antes de deshojar el número del verano de 1982, un poco de aire fresco con el primer disco de Pantones.

“Por si alguien lo dudaba, pasar años mascando chicle entre películas de serie B, comics e iconos pop, acaba produciendo extraños efectos secundarios. Semejante “dieta” puede convertirte irremediablemente en el raro de la pandilla, pero también puede provocar una sobredosis de imaginación y muchas ganas de hacer el gamberro”. Ante semejante declaración de principios hace falta ser muy burro para no escuchar a estos tipos inmediatamente.

Aquí se habla poco de actualidad, pero de vez en cuando colisiona uno con cosas estupendas, como Ruido Rosa, primer disco de Pantones. Si dispones del célebre servicio de streaming Potifís, puedes escucharlo pinchando aquí, en modo baidefeis legal, y amenizado además por mensajes publicitarios.

Exhibiendo fabulosa portada llega este mini Lp, o Ep con sobrepeso, no sabría muy bien cómo definirlo. Un trío chica-chico-chica, en la mejor tradición del cine para adultos, con una propuesta cuanto menos oxigenante. Canciones de menos de tres minutos, guitarras speedicas a cargo de mozo de aspecto nerd y vocalista sumamente enamorable a los mandos. Producido además por Joaquín Rodríguez de Los Nikis (y otro señor), recoge lo mejor del espíritu de hace unos cuantos años. ¿Prescindible? … seguro ¿Divertido? … mucho.

Ya lo dicen ellos: “alguien se ha atrevido a sabotear el batido de fresa y la fiesta ha comenzado”.

Disco del mes: Los Nikis

Como habíamos conseguido editar tres números en tres meses con relativa soltura, ya nos veíamos como una revista seria y hasta teníamos “disco del mes“. En Abril de 1982 este rutilante honor correspondió al segundo EP de Los Nikis

En los últimos 30 años no he conseguido conocer a nadie que se llamara Ernesto, Luis Enrique o Aurelio sin que me entrara la risa. Los Nikis escribieron su nombre con letras doradas en nuestro particular Hall of Fame aquellos agitados días. Dejaron boquiabierto al personal con su propuesta ramoniana casi minimalista, su galería de personajes  y con algunos de los mejores conciertos que se recuerdan. Francamente no recuerdo si sonaban bien o mal, pero sí estoy seguro de que sonaban rápido y fuerte, dos valores seguros. Y luego estaban las letras, que no tenían desperdicio.

Con el tiempo parte de sus canciones se convirtieron en standards, ruido de fondo obligado de baretos varios y hasta en una boda les escuché el otro día, entre la Macarena y esa versión de I Will Survive cantada por los remeros del Volga que cae siempre. Incluso hay una que fue adoptada como himno por recuas de fachas descerebrados, lo que son las cosas. Está muy bien la biografía de Marín Deciso de lafonoteca.net, para el que quiera profundizar.

Precisamente nuestra única incursión en los medios digamos convencionales, tuvo como involuntarios protagonistas a los Ramones  de Algete: nos ofrecieron la oportunidad de colaborar en el programa Las Calles de Babilonia, que dirigía Moncho Alpuente y en el que colaboraba Merche Yoyoba, en Antena 3, que por aquel entonces era una radio. No recuerdo muy bien cuál era la idea, pero nos convocaron en el estudio de la calle Oquendo para una especie de prueba. Allí nos presentamos con nuestros discos, y cuando el productor de la radio escuchó el de los Nikis nos dijo que algo que sonaba tan mal no lo podían poner, una auténtica blasfemia, oiga. Y allí acabó nuestro brillante paso por la emisora, nunca más nos volvieron a convocar…