Reflexiones sobre la conveniencia de copiar lo inglés a cascoporro

Probablemente con el objeto de cuadrar los pliegos, publicamos este articulillo de opinión sobre la funesta manía de la época consistente en abrazar de manera incondicional todas las tendencias musicales que llegaban de la Pérfida Albión.

Pues eso. En aquellos años surgían las modas como setas, y la inseguridad rampante de parte  del colectivo de músicos se manifestaba precisamente mediante la adopción, sin solución de continuidad, de todas las tontunas que se les ocurrían en Londres. Esto dio al traste con algunos buenos proyectos, que acusaron tanto volantazo y acabaron yendo a pique. Naturalmente esta absurda tendencia ofrecía excelentes oportunidades para el estilismo más delirante, y de alguna forma marcó el arquetipo de la movida que luego se exhibió en películas y series de TV, el rollo ese de las tribus urbanas etc.

Folklore indumentario aparte, la música en sí sufría bastante. Nuestro idioma no es el que mejor se lleva con el rockandroll en sus diferentes variantes, y si además se le impone ese baile de estilos pues apaga y vámonos. Esto lo han resuelto más tarde algunos de los llamados indies cantando en inglés, cómodo atajo que en la inmensa mayoría de los casos priva a las canciones del más mínimo atisbo de emoción.

Por supuesto hay excepciones, pero como punto de partida estoy en contra de la gente que canta en idiomas que no domina (y de los dogmas indies en general). Parafraseando a La Cabra Mecánica, “no me queda ni tiempo, ni dinero, ni güevos ni sentido del humor“.

Los Nikis lo resumieron perfectamente en 1998.