Los Elegantes en Ediciones Moulinsart

Aunque no son citados habitualmente en las quinielas de la Movida, Los Elegantes fueron un de los grupos claves en Madrid y, sin ningún género de dudas, los responsables de los directos más calientes de la época.

Ediciones Moulinsart. Número final. Los Elegantes 2.

El éxito de los Jam y otras bandas de revival mod en UK, unido al estreno de la película Quadrophenia en el 79 habían dado lugar a un cierto movimiento emulador en las calles del foro. En realidad la decisión de ser mod o rocker tenía en la mayoría de los casos más relación con el fondo de armario que con los gustos musicales. Por decirlo muy simplemente, si tenías una chupa de cremalleras podías optar por ser punk o rocker, si tenías una gabardina vieja de tu padre, que era mi caso, tenías la opción de hacerte mod. Una vez elegida tu “tribu urbana” como dicen ahora, lo que hacías era ir a todos los conciertos sin hacer muchos distingos estilísticos, al fin y al cabo se trataba de salir y pasarlo bien.

Hay que decir que las oportunidades que ofrecía el Rastro para la guardarropía mod masculina eran amplias en la década. Los ropavejeros ofrecían multitud de prendas en diversos grados de putrefacción, que con los complementos adecuados y unas chapas con símbología británica, daban el pego perfectamente: trajes de tres botones, gabardinas raidas, corbatitas estrechas, zapatos del año catapún (a estrenar en muchas ocasiones)… Para las chicas la oferta era aún más amplia ya que además de la ropa usada tenían la opción de entrar a saco en el armario materno y desempolvar trapitos yeyés estupendos. Una maravilla.

ahora, no mañana

En la redacción del fanzine nos tiraba mucho la cosa mod. Javier Carrascal practicaba un dandismo exacerbado y yo digamos que me disfrazaba los fines de semana. Todo ello bajo la mirada desaprobatoria de Enrique Sauer aka The Mexican, que había adoptado la causa siniestra con todas sus consecuencias. De nuestras correrías quedó constancia una mañana  en las cercanías de la Sala Consulado, el día que Graduate, creo recordar, tocaban en El Gran Musical. Fuimos inmortalizados entre otros pipiolos caracterizados (incluyendo a Mario de La Unión) por el gran Miguel Trillo y una de esas fotos acabó siglos después ilustrando la portada del libro ¡Ahora! no mañana, para regocijo de nuestros familiares y amigos…

El caso es que lo de ser mod dejó de ser gracioso cuando el ecosistema se equilibró con su correspondiente población rocker, una de cuyas diversiones favoritas era sacudir mamporros a los de la corbatita. Por los pelos me libré yo una noche de ser caneado en Moncloa. Cuando llamé a Javier para contárselo él estaba regresando de la casa de socorro donde le acababan de suturar la cabeza, merced al amable recuerdo en forma de cadenazo que había recibido de uno con tupé… Ahí se terminó mi singladura mod, no estaba uno por la labor de ser descalabrado a cuenta de una moda inglesa, hasta ahí podíamos llegar…

Pero a lo que íbamos: Los Elegantes. Se les etiquetó como mods y con la etiqueta se quedaron, pese a que en la práctica se trataba de un grupo de amantes de la música de los sesenta y del pop de alto voltaje. Como decíamos al principio, no son una referencia obligada cuando se rememoran aquellos años, quizás porque no tuvieron un single emblemático como les pasó por ejemplo a Los Secretos, que eran de una cuerda muy cercana por aquel entonces. Sin embargo, los que de verdad nos mecimos en aquellas turbulencias de los primeros ochenta los recordamos muy bien, sobre todo por sus memorables directos. Al fin y al cabo, es por los conciertos por lo que un grupo de rockandroll debería ser recordado, ¿no? Sonaban muy bien, una sólida base rítmica que incluía un batería inusualmente bueno para lo que había entonces, y eran creíbles, enérgicos y carismáticos. Personalmente me quedo con la primera época, cuando cantaba el Chicarrón. Éste era un extraordinario personaje, mezcla de John Belushi y señorón burgués, capaz de llevar a la audiencia al paroxismo con sus performances. Realmente no estoy seguro de que fuera un buen cantante, pero lo que tengo claro es que era una estrella. Desapareció de repente y la voz solista la asumió Emilio, uno de los dos guitarristas, que también era un gran comunicador, aunque sin el carisma de su predecesor. Y el repertorio era bueno, alternando covers en español con composiciones propias que los devotos coreaban de pe a pa. Lamentablemente sus primeros discos no capturaron la fuerza de  los directos, y cuando por fin encontraron buenos productores su estrella ya no lucía tanto. En fin, un gran grupo, buenos amigos, y un montón de  recuerdos de conciertos tempestuosos. Uno se pregunta si en esta época de rentrées traídas por los pelos, tendría sentido que estos tipos (alguno de ellos como Juanma del Olmo, en plenísima forma) se juntaran aunque sólo fuera una noche, para poner algún local patas arriba como en los buenos tiempos.

Ediciones Moulinsart. Número final. Los Elegantes 1. 001

Verano de 1982. Celia y Lio en Ediciones Moulinsart

Acabados los exámenes, y bajo la atenta mirada de Naranjito,  nos pusimos manos a la obra para editar el número de verano.

Para la portada, nada mejor que una refrescante imagen de Celia, personaje de literatura infantil de los años 30 creado por Elena Fortún y un clásico de nuestras mamás, hoy venerables abuelas. La ilustración (pirateada rigurosamente) era preciosa, una especie de pin up casta, y cumplía los requisitos para ser reproducida fielmente con nuestros rudimentarios medios, i.e. imagen a línea, fondo blanco.

Y siguiendo con el tema de pin-ups, ilustrábamos el editorial con una foto de Lio, starlette luso belga que por aquel entonces nos tenía  cautivados. Esta chica era estupenda, tenía un delicioso puntillo perverso y fue capaz de hacer un par de éxitos que traspasaron las fronteras de gabachilandia: Amoureux Solitaires y Banana Split.  En ese contexto la trajeron de promo y fue legendaria una aparición suya en Aplauso con un picardías transparente, para general regocijo de la audiencia. Algún tiempo más tarde, ejerciendo yo de plumilla (mal) remunerado para El Gran Musical, accedí milagrosamente a ciertas fotos inéditas de la diva teen con el famoso trapito traslúcido. Había quedado con el gran Fernando Iñiguez,  a la sazón jefe de prensa de Ariola, en el piso en el que se alojaba la multi, un casoplón en la calle Velázquez que había sido sede del Hare Krishna y aún conservaba unos tapices a lo oriental en los techos.  El caso es que, por algún motivo, la conversación se escoró hacia el tema de Lio y Fernando me regaló los descartes de una sesión fotográfica, en diapos 6×6… lo trágico es que no consigo encontrarlas, pero están por algún sitio y en cuanto dé con ellas las publico aquí, PLGDMM*.

Lio se llama en realidad Wanda Maria Ribeiro Furtado Tavares de Vasconcelos, díganme ustedes si no es ese el nombre de una estrella en toda regla, aunque un pelín largo, eso sí. Después de sus primeros discos ha seguido en activo, haciendo cosas bastante interesantes a ratos, (en Potifís hay disponible un buen recopilatorio, aunque no los discos originales, que tenían portadas muy buenas) y hasta el plasta de John Cale le produjo algunos temas. Ha trabajado en cine, en el teatro, y en la tele,  y ha cultivado su vena  arty-farty, que la tiene,  en discos de poemas musicados y colaboraciones con otros artistas de los llamados auténticos. Naturalmente, poco o nada de este material ha cruzado los Pirineos, ante la tradicional impermeabilidad que aquí mostramos hacia la cultura francesa, cuestión esta que no es por cierto recíproca y que nos hace perdernos un montón de cosas buenas.

Acaba de cumplir 50 tacos y en el interim le ha dado tiempo a tener seis hijos, así que conservemos en la retina su turbadora presencia cuando contaba sólo 17 y aparecía en TV tan maravillosamente desabrigada (hoy en día José Luis Fradejas hubiera dormido en chirona por exhibir a una menor de esa guisa).

*Acrónimo usado en internet para “por la gloria de mi madre

Abriendo boca para el número de verano: Pantones

Después de sufrir bastante con Joy Division, y a modo de transición antes de deshojar el número del verano de 1982, un poco de aire fresco con el primer disco de Pantones.

“Por si alguien lo dudaba, pasar años mascando chicle entre películas de serie B, comics e iconos pop, acaba produciendo extraños efectos secundarios. Semejante “dieta” puede convertirte irremediablemente en el raro de la pandilla, pero también puede provocar una sobredosis de imaginación y muchas ganas de hacer el gamberro”. Ante semejante declaración de principios hace falta ser muy burro para no escuchar a estos tipos inmediatamente.

Aquí se habla poco de actualidad, pero de vez en cuando colisiona uno con cosas estupendas, como Ruido Rosa, primer disco de Pantones. Si dispones del célebre servicio de streaming Potifís, puedes escucharlo pinchando aquí, en modo baidefeis legal, y amenizado además por mensajes publicitarios.

Exhibiendo fabulosa portada llega este mini Lp, o Ep con sobrepeso, no sabría muy bien cómo definirlo. Un trío chica-chico-chica, en la mejor tradición del cine para adultos, con una propuesta cuanto menos oxigenante. Canciones de menos de tres minutos, guitarras speedicas a cargo de mozo de aspecto nerd y vocalista sumamente enamorable a los mandos. Producido además por Joaquín Rodríguez de Los Nikis (y otro señor), recoge lo mejor del espíritu de hace unos cuantos años. ¿Prescindible? … seguro ¿Divertido? … mucho.

Ya lo dicen ellos: “alguien se ha atrevido a sabotear el batido de fresa y la fiesta ha comenzado”.

Glutamato Ye-Yé en Ediciones Moulinsart

Generalmente ausentes del top habitual de la Movida, Glutamato Ye-Yé protagonizaron sin embargo algunos de sus momentos más memorables.

Un poco como les pasa a los Kinks en su parcela histórica, Glutamato Ye-Yé son a menudo obviados por los gurús de guardia cuando se refieren a la música española de los 80, o al menos no les citan junto a los Pegamoides, Nacha Pop, Secretos, Radio Futura y otros sospechosos habituales. Y ello a pesar de su peso específico y la influencia que ejercieron sobre sus contemporáneos. Yo creo que el haber flirteado (brillantemente por cierto) con el subgénero del pop graciosete restó visibilidad a sus muchas buenas canciones. Si además tu cantante lleva bigotito hitleriano y un muslo del pollo al cuello, pues para qué más, es muy complicado que le tomen a uno en serio en esas circunstancias.

Afortunadamente, sus excelentes letras y sus canciones bien cortadas se abren paso y a estas alturas del campeonato tienen fans muy devotos. Hay grupos de feisbuc de las Hornadas Irritantes, sellos como Lemuria que apuestan por las reediciones, y chalados emergentes como el rudeboy mesetario Nacho Álvaro de Monkeysounds que se declaran fervientes adoradores.

¡Y además Glutamato Ye-Yé son del Atleti!

El Gruppo Sportivo en Ediciones Moulinsart

Como por algún sitio hay que empezar, y aprovechando que mañana estará el Gruppo Sportivo tocando en Madrid, arrancamos nuestras reediciones con un artículo firmado por servidor y correspondiente al primer número del fanzine,en febrero de 1982. Las imágenes son clicables si quieres leerlo.

Siempre he sido muy fan de este combo holandés, liderado por Hans “Vandefruits” Vandenburg. Tuvieron la mala suerte de empezar su carrera con dos discos tan memorables (1o Mistakes  y Back to 78) que a partir de entonces la doctrina estableció que ya no tenían nada nuevo que ofrecer etc. etc. Fundamentalmente, lo que pasaba era que, cuando se puso de moda la cosa tenebrosa, la propuesta pop de los de La Haya se le indigestó a los gurús de guardia. Ajeno a estas profundas reflexiones, el Gruppo Sportivo siguió entregando una serie de discos muy decentes y girando hasta la fecha, conservando hasta tres miembros de la formación original.

Tocaron en Madrid bastantes veces y en directo eran muy sólidos, nada de grupo graciosete como podría haberse esperado el personal. Tienen muchas clásicas (dos de ellas versionadas por Siniestro Total: I’m a rocket /Las tetas de mi novia y Go’n’get it/Superavit), pero la favorita de muchos fans sigue siendo esta joya del minimalismo, aquí en versión más minimalista aún, grabada por el propio Vandefruits en casa y con un teléfono!

KF