Las Pin Ups de Victor Coyote en Ediciones Moulinsart

Frito teníamos al bueno de Victor con nuestras solicitudes, y para el número final nos cedió estas tremendas ilustraciones.

Adorábamos , como no puede ser de otra forma, la estética cincuentera y las voluptuosas pin ups de Alberto Vargas, que además había hecho la portada del Candy O de The Cars. Nuestros modestos medios o nos permitían fusilar felizmente, como era nuestra costumbre, aquellos fabulosos pibones a todo color, y por eso las enérgicas señoritas de tinta china del Maestro Abundancia nos venían al pelo. Chicas duras, auténticas y tirando a putas, en unas preciosas ilustraciones cuyos originales devolvimos religiosamente al autor.

Ya podíamos jubilarnos tranquilos. Nuestro sueño de exhibir tetas en las páginas de Ediciones Moulinsart se había convertido en realidad!!

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Verano de 1982. Celia y Lio en Ediciones Moulinsart

Acabados los exámenes, y bajo la atenta mirada de Naranjito,  nos pusimos manos a la obra para editar el número de verano.

Para la portada, nada mejor que una refrescante imagen de Celia, personaje de literatura infantil de los años 30 creado por Elena Fortún y un clásico de nuestras mamás, hoy venerables abuelas. La ilustración (pirateada rigurosamente) era preciosa, una especie de pin up casta, y cumplía los requisitos para ser reproducida fielmente con nuestros rudimentarios medios, i.e. imagen a línea, fondo blanco.

Y siguiendo con el tema de pin-ups, ilustrábamos el editorial con una foto de Lio, starlette luso belga que por aquel entonces nos tenía  cautivados. Esta chica era estupenda, tenía un delicioso puntillo perverso y fue capaz de hacer un par de éxitos que traspasaron las fronteras de gabachilandia: Amoureux Solitaires y Banana Split.  En ese contexto la trajeron de promo y fue legendaria una aparición suya en Aplauso con un picardías transparente, para general regocijo de la audiencia. Algún tiempo más tarde, ejerciendo yo de plumilla (mal) remunerado para El Gran Musical, accedí milagrosamente a ciertas fotos inéditas de la diva teen con el famoso trapito traslúcido. Había quedado con el gran Fernando Iñiguez,  a la sazón jefe de prensa de Ariola, en el piso en el que se alojaba la multi, un casoplón en la calle Velázquez que había sido sede del Hare Krishna y aún conservaba unos tapices a lo oriental en los techos.  El caso es que, por algún motivo, la conversación se escoró hacia el tema de Lio y Fernando me regaló los descartes de una sesión fotográfica, en diapos 6×6… lo trágico es que no consigo encontrarlas, pero están por algún sitio y en cuanto dé con ellas las publico aquí, PLGDMM*.

Lio se llama en realidad Wanda Maria Ribeiro Furtado Tavares de Vasconcelos, díganme ustedes si no es ese el nombre de una estrella en toda regla, aunque un pelín largo, eso sí. Después de sus primeros discos ha seguido en activo, haciendo cosas bastante interesantes a ratos, (en Potifís hay disponible un buen recopilatorio, aunque no los discos originales, que tenían portadas muy buenas) y hasta el plasta de John Cale le produjo algunos temas. Ha trabajado en cine, en el teatro, y en la tele,  y ha cultivado su vena  arty-farty, que la tiene,  en discos de poemas musicados y colaboraciones con otros artistas de los llamados auténticos. Naturalmente, poco o nada de este material ha cruzado los Pirineos, ante la tradicional impermeabilidad que aquí mostramos hacia la cultura francesa, cuestión esta que no es por cierto recíproca y que nos hace perdernos un montón de cosas buenas.

Acaba de cumplir 50 tacos y en el interim le ha dado tiempo a tener seis hijos, así que conservemos en la retina su turbadora presencia cuando contaba sólo 17 y aparecía en TV tan maravillosamente desabrigada (hoy en día José Luis Fradejas hubiera dormido en chirona por exhibir a una menor de esa guisa).

*Acrónimo usado en internet para “por la gloria de mi madre

Pruebas irrefutables de la existencia de Dios: Clio Goldsmith

Todo colectivo necesita una musa, así que nosotros no íbamos a ser menos. La nuestra fue Clio Goldsmith

Una cosa es que fuéramos de modernos y otra que no estuviéramos llenos de hormonas. Imposible pues resistirnos a esta diosa mediterránea de efímero paso por el mundo del cine. En varias ocasiones colamos sus fotos (rapiñadas sin el menor rubor de Vogue y otras revistas del ramo) en nuestras humildes fotocopias para acompañar los editoriales.

Clio Goldsmith, hija de un reputado militante ecologista, no hizo demasiadas películas y desapareció pronto del panorama. Eso sí, en las pocas cintas que protagonizó  aparece en porreta rigurosa durante buena parte del metraje, para mayor regocijo de sus fans. Hay que tener en cuenta que en un tiempo no tan lejano, la teta cotizaba en bolsa y el acceso a material de cierto voltaje se consideraba un triunfo. Ahora que el porno se ha convertido (como la música) en una commodity es difícil entender esto, pero lo cierto es que aquellas pelis de destape tenían su aquel. Clio, muy jovencita, era toda sensualidad, protuberancias y rizos generosos (en general) en un tiempo en que  cirugía y  depilación no constituían equipamiento de serie. Una auténtica natural woman , algo que la enlazaba gozosamente con las convicciones medioambientalistas de su progenitor.

Su naturaleza neumática fue sin duda lo que atrajo a su primer marido, heredero del imperio Pirelli, que la retiró de la farándula en tiempo real. Se desinfló la cosa sin embargo al poco tiempo y nuestra musa casó en segundas nupcias con un escritor británico, también de principios ecologistas, que es además hermano de la Duquesa Camilla . En la práctica este hecho virtualmente emparienta a la redacción de Ediciones Moulinsart con la Realeza Británica, ahí es nada.

Bow Wow Wow. Marzo de 1982

Tras un merecido descanso pascual y algunas nuevas microlorzas ganadas a pulso, volvemos a la carga con nuestro programa de reediciones del fanzine, abrumados por el éxito.

Estábamos todavía en shock por haber agotado la (exigua) tirada del primer número de las Ediciones Moulinsart, cuando nos pusimos manos a la obra con el segundo. Necesitábamos una cover story, y la elegida fue la de Bow Wow Wow.

Una de las razones de esta elección era que  teníamos la foto, escandalosa en su momento, en la que el grupo reproducía la escena de Le Déjeuner sur L’Herbe de Manet, con su cantante Annabella Lwin en pelota picada, aunque, eso sí, ocultando discretamente las capitales de provincia. Aquí a la derecha la instantánea en cuestión.

La foto en sí no es que diera para muchas maratones onanistas, pero el hecho de que Annabella tuviera sólo 14 años cuando fue tomada, nos producía una cachondez irreprimible (teníamos 18 años y además eran otros tiempos…) así que le dedicamos la portada y un extenso reportaje. No es este un grupo que haya escrito su nombre con letras de cadmio en la historia del pop, pero tuvieron su minutillo de gloria. En realidad eran una especie de spin off de Adam and The Ants, cocinado sabiamente por Malcolm McLaren, que al parecer fue quien les pasó a ambas bandas los discos de Burundi Beat que caracterizaban sus bases rítmicas. En cualquier caso, tenían a su favor una actitud decididamente vitalista, en aquel año de oscurantismo emergente. Y además no cometían los excesos casi falleros de Adam Ant, manteniendo una línea más rocanrolera, por decirlo de algún modo. El que quiera culturizarse más que se lea el artículo clicando en las imágenes para agrandarlo, o que vaya a la Wikipedia como hace todo el mundo.

Para ilustrar el artículo echamos mano de nuestra colección de comics, en este caso de El Hombre Enmascarado, el superheroe en skijama malva con capucha creado por Lee Falk, que tenía un punto selvático y que además reproducía muy bien en fotocopia.