Ya puedes descargar completo el Número de Marzo de 1982 en pdf

En nuestra infatigable cruzada contra la crisis, ofrecemos ahora, en modo baidefeis, el número completo de Ediciones Moulinsart de Marzo de 1982. Un  sensacional ahorro de 50 pesetas más la subida del IPC durante 30 años. Una pasta, oye.

Mediante un insignificante clic  accede aquí al fanzine completo y descubre qué se cocía en el Foro en aquellos trepidantes momentos: la misteriosa mutación del cantante de Ejecutivos Agresivos en sombrío vocalista de Décima Víctima los one hit wonders de turno Altered Images, la entrevista con los plastas de Theatre of Hate, la vida y obras de Bow Wow Wow… amen de todo tipo de noticias, críticas de discos y conciertos,  y viboreos un pelin trasnochados, eso sí.

Y ahora, sólo durante otros treinta años, completa tu hemeroteca digital por la patilla y consigue también, mediante un discreto movimiento de tu dedo, el número de febrero sin censuras ni nada .

Si lo prefieres, también puedes imprimirlos y disfrutarlos en compañía de la familia, en la cola del INEM o en tus viajes a Botsuana (donde, además, dicen escasea el tissue higiénico).

Y como siempre, respetando fielmente el formato de fotocopias ligeramente torcidas!

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Odio Africano

Como ya he comentado en alguna entrega previa, el fanzine nos servía para derramar todo tipo de  sustancias corrosivas sobre una serie de instituciones y personajes a los que convertíamos en blanco de nuestra iras. La sección de noticias breves, titulada “Veneno” en el segundo número, era el foro adecuado.

En honor a la verdad debo empezar por decir que la  tan gráfica expresión “Odio Africano”, se la escuché por primera vez a mi compadre Esteban Calle, y rápidamente la incorporé a mi repertorio: ” Me temo que la radio ya no va a poner más el disco de fulanito. Le han cogido Odio Africano“.

El Odio Africano, que no es por cierto denominación de origen,  es profundo, irracional e irreversible. Todo el mundo desarrolla Odio Africano por algo o alguien en algún momento de su vida y el que lo niegue es un mentiroso. Con las pasiones de la juventud, los episodios de Odio Africano son más virulentos, y en una relación tan visceral como la que nosotros manteníamos con la música en los 80 era imposible no experimentarlos.

De modo que teníamos en nuestro punto de mira a unos cuantos sujetos,  a los que considerábamos enemigos, intrusos  advenedizos o  desterrables de nuestro universo nuevaolero, supongo que pensábamos que había que expulsar a los mercaderes del templo y todo eso. Entre los objetos de nuestro Odio Africano estaban los críticos musicales de Barcelona, las discográficas, sobre todo Hispavox, el grupo Mecano, el productor Julián Ruiz, y el joven-esteta-asturiano Tino Casal.

Este último nos resultaba especialmente risible. En terminología Haddock se le podría definir como vendedor de alfombras, por cuanto, tratando de parecer neo-romántico, iba siempre cubierto por un generoso muestrario de jarapas de variados colores. Realmente nunca le conocimos, y según dicen era un tipo estupendo, pero lo cierto es que ante nuestros ojos vidriosos resultaba bastante patético. Lo que son las cosas, su temprana desaparición le elevó a la categoría de mito,  y ya nunca tuvimos que verle grabando duetos con Raphael ni luciendo lorzas en Supervivientes, como presumiblemente hubiera ocurrido a su debido tiempo.

El productor del finado Neo-Casal era precisamente Julián Ruiz, alguien que inexplicablemente llegó a convertirse en una  estrella, es un decir, de los estudios de grabación. Poseedor de un guardarropa que haría suicidarse a lo bonzo de pura envidia a los gerentes de Sastrería Cornejo, son muchas las leyendas urbanas que circulan en torno al personaje, y sus encuentros con las rock stars. Su éxito como productor es misterio que no esclarecería ni Jiménez del Oso redivivo, sin duda comparable al de Las Caras de Bélmez o al de La Chica de la Curva. Realizó numerosos estropicios, y los damnificados todavía se lamen las heridas a estas alturas. En  este documental cojonudo de La 2 se le menciona varias veces y no con añoranza por cierto. Lo cierto es que Julián Ruiz es un tipo que ama la música, de eso no me cabe duda, pero claro, a uno puede gustarle mucho el porno y eso no le convierte en John Holmes.

Más Odio Africano en próximos posts… (las imágenes son clicables)     

Bow Wow Wow. Marzo de 1982

Tras un merecido descanso pascual y algunas nuevas microlorzas ganadas a pulso, volvemos a la carga con nuestro programa de reediciones del fanzine, abrumados por el éxito.

Estábamos todavía en shock por haber agotado la (exigua) tirada del primer número de las Ediciones Moulinsart, cuando nos pusimos manos a la obra con el segundo. Necesitábamos una cover story, y la elegida fue la de Bow Wow Wow.

Una de las razones de esta elección era que  teníamos la foto, escandalosa en su momento, en la que el grupo reproducía la escena de Le Déjeuner sur L’Herbe de Manet, con su cantante Annabella Lwin en pelota picada, aunque, eso sí, ocultando discretamente las capitales de provincia. Aquí a la derecha la instantánea en cuestión.

La foto en sí no es que diera para muchas maratones onanistas, pero el hecho de que Annabella tuviera sólo 14 años cuando fue tomada, nos producía una cachondez irreprimible (teníamos 18 años y además eran otros tiempos…) así que le dedicamos la portada y un extenso reportaje. No es este un grupo que haya escrito su nombre con letras de cadmio en la historia del pop, pero tuvieron su minutillo de gloria. En realidad eran una especie de spin off de Adam and The Ants, cocinado sabiamente por Malcolm McLaren, que al parecer fue quien les pasó a ambas bandas los discos de Burundi Beat que caracterizaban sus bases rítmicas. En cualquier caso, tenían a su favor una actitud decididamente vitalista, en aquel año de oscurantismo emergente. Y además no cometían los excesos casi falleros de Adam Ant, manteniendo una línea más rocanrolera, por decirlo de algún modo. El que quiera culturizarse más que se lea el artículo clicando en las imágenes para agrandarlo, o que vaya a la Wikipedia como hace todo el mundo.

Para ilustrar el artículo echamos mano de nuestra colección de comics, en este caso de El Hombre Enmascarado, el superheroe en skijama malva con capucha creado por Lee Falk, que tenía un punto selvático y que además reproducía muy bien en fotocopia.