Pruebas irrefutables de la existencia de Dios: Clio Goldsmith

Todo colectivo necesita una musa, así que nosotros no íbamos a ser menos. La nuestra fue Clio Goldsmith

Una cosa es que fuéramos de modernos y otra que no estuviéramos llenos de hormonas. Imposible pues resistirnos a esta diosa mediterránea de efímero paso por el mundo del cine. En varias ocasiones colamos sus fotos (rapiñadas sin el menor rubor de Vogue y otras revistas del ramo) en nuestras humildes fotocopias para acompañar los editoriales.

Clio Goldsmith, hija de un reputado militante ecologista, no hizo demasiadas películas y desapareció pronto del panorama. Eso sí, en las pocas cintas que protagonizó  aparece en porreta rigurosa durante buena parte del metraje, para mayor regocijo de sus fans. Hay que tener en cuenta que en un tiempo no tan lejano, la teta cotizaba en bolsa y el acceso a material de cierto voltaje se consideraba un triunfo. Ahora que el porno se ha convertido (como la música) en una commodity es difícil entender esto, pero lo cierto es que aquellas pelis de destape tenían su aquel. Clio, muy jovencita, era toda sensualidad, protuberancias y rizos generosos (en general) en un tiempo en que  cirugía y  depilación no constituían equipamiento de serie. Una auténtica natural woman , algo que la enlazaba gozosamente con las convicciones medioambientalistas de su progenitor.

Su naturaleza neumática fue sin duda lo que atrajo a su primer marido, heredero del imperio Pirelli, que la retiró de la farándula en tiempo real. Se desinfló la cosa sin embargo al poco tiempo y nuestra musa casó en segundas nupcias con un escritor británico, también de principios ecologistas, que es además hermano de la Duquesa Camilla . En la práctica este hecho virtualmente emparienta a la redacción de Ediciones Moulinsart con la Realeza Británica, ahí es nada.

Alaska y los Pegamoides: la entrevista de Ediciones Moulinsart

Mira por donde, también se acaban de cumplir 30 años de la publicación de Grandes Éxitos , primero y último de los Lps de Alaska y los Pegamoides (imagen de la-portada-que-no-fue por cortesía de Pedro Munster). En Abril de 1982 les entrevistamos para el fanzine, en su local de ensayo de Tablada 25.

Para nuestro floreciente emporio editorial, tener la posibilidad de entrevistar al que definíamos  como nuestro grupo favorito era un logro merecedor del Pulitzer. Nos atendieron como a un medio serio y no hicieron sentir estupendamente. Recomendamos encarecidamente la lectura de la entrevista: hay que tener en cuenta que se encontraban en un momento clave, por fin tenían un álbum en la calle pero también acababa de salir por la puerta Carlos Berlanga. Así que a la vez que despegaban, se iniciaba la cuenta atrás para su disolución…

Para muchos de los que enredábamos con la música en aquellos días, el lanzamiento del disco, y el éxito de Bailando supuso una inyección de moral. Después de una larga espera desde el primer EP perpetrado por Julián Ruiz (veáse Odio Africano), parecía que aquellas canciones nunca verían la luz. Los conciertos estaban reventados, el modernío se sabía las canciones y las  cantaba a grito pelado…  pero en Hispavox estaban a verlas venir y  no acusaban recibo. En el desbloqueo de la situación tuvo un papel clave Carlos Juan Casado (“hasta vamos a tomar café con él a veces” declaran)  alguien que sí se enteraba de por dónde venía el aire. La historia Pegamoide es extensa y no es este el foro para analizarla, si alguien quiere culturizarse está muy bien  esta bio.

A lo que íbamos. En aquel momento no había ningún otro grupo con el carisma  de  Alaska y los Pegamoides y el hecho de que por fin tuvieran un disco de verdad, y encima con  éxito supuso un espaldarazo a todo lo que se estaba haciendo a pie de calle, por fin parecía que aquello arrancaba.

En la entrevista ya se perfilan los personajes que conocimos luego bajo otras banderas: Nacho habla con la claridad que le ha caracterizado siempre, y reparte su admiración entre los Exploited, los UK Subs, Jermaine Jackson y Depeche Mode. Eduardo confiesa su devoción por Bauhaus, Killing Joke y compañía, y Ana, ya vampiresada en la época, también. Olvido, diplomática,  menciona a los Nikis y Gabinete. Y, así en general,  la lengua no se la muerden mucho.

Las imágenes son clicables así que si quieres leer más, ya sabes.

Ilustraciones originales de Victor Coyote: mods, rockers y otras especies

Sé Rocker, no gilipoyas. Pero cuidado con el Romántico.El gallego multidisciplinar por excelencia nos cedió tres bonitas ilustraciones para el número de Abril, escenas de  tribus urbanas con bastante coña, en las que hacía gala de su buena y variada técnica (las imágenes son clicables). 

Victor Coyote no era un rocker al uso, eso es seguro. Ilustrador, pintor, cantante y performer, en aquella época  sus Coyotes pisaban terrenos próximos al psychobilly en temas como Extraño Corte de Pelo o La Estación Fantasma. Más adelante vendrían sus himnos latinos visionarios y sus experimentos variados. Al tipo no se le puede acusar de inmovilista, desde entonces no ha parado de hacer cosas, y lo que le queda…

El no es un mal chico

Hoy no es tu día. Los Rockers no son buenos, los Hell Angels tampoco.

Particularmente me gusta mucho una  serie de video-singles que subió a Youtube hace algún tiempo.

Este es mi favorito: Profesor Punk.

Abril de 1982

… bueno pues ya casi nos hemos puesto al día. Hoy empezamos con los contenidos del tercer número del fanzine, Abril de 1982. La verdad es que el esfuerzo de publicar mensualmente no era moco de pavo, pero lo íbamos consiguiendo, y además con un modesto éxito de ventas.

Después de haber agotado el primer número y las dos tiradas del segundo, ya nos veíamos como una especie de New York Times de andar por casa, de modo que pisamos el acelerador y publicamos una tercera entrega. Ya lo decíamos en el editorial: “…puede que no seamos los más leídos, pero sin duda somos los más pesados de todos”  y, como puede comprobarse, la tendencia permanece inalterable tres décadas más tarde…

Como no éramos el único fanzine en circulación, y para diferenciarnos de la competencia , en Abril nos tiramos el rollo y ampliamos a 32 páginas (los números anteriores tenían 24) manteniendo el precio de 50 pesetas. Además de más trabajo de redacción suponía un problema para doblar y grapar los ocho dípticos, pero eso era lo de menos.

Felizmente venidos arriba, para la portada utilizamos un alzado de la Unidad de Habitación de Marsella de Le Corbusier,  una cosa un tanto “arty-farty” , más que nada porque era un dibujo a línea, óptimo para la fotocopiadora. El único que acusó recibo fue Sigfrido Martín Begué, todo un dandy y habitual del Rockola,  que por aquel entonces estudiaba arquitectura y que desarrolló luego una brillante carrera también como pintor.

Y como empezábamos a disfrutar de cierta credibilidad, ya conseguíamos alguna entrevista de peso, y en Abril tuvimos oportunidad de hablar con Alaska y los Pegamoides y con los Zombies, que acababan de partir las peras. También hicimos una primera colaboración con Victor Coyote como ilustrador… pero ya lo iremos viendo todo.

Y para dar un poco de cera en las noticias cortas tomamos prestada una página de Tintin en el Tibet a la que Javier Carrascal, improvisado calígrafo para la ocasión, cambió hábilmente los textos para ofrecer las últimas novedades y repartir un poco de odio africano (clica en la imagen para agrandarla).

Ya puedes descargar completo el Número de Marzo de 1982 en pdf

En nuestra infatigable cruzada contra la crisis, ofrecemos ahora, en modo baidefeis, el número completo de Ediciones Moulinsart de Marzo de 1982. Un  sensacional ahorro de 50 pesetas más la subida del IPC durante 30 años. Una pasta, oye.

Mediante un insignificante clic  accede aquí al fanzine completo y descubre qué se cocía en el Foro en aquellos trepidantes momentos: la misteriosa mutación del cantante de Ejecutivos Agresivos en sombrío vocalista de Décima Víctima los one hit wonders de turno Altered Images, la entrevista con los plastas de Theatre of Hate, la vida y obras de Bow Wow Wow… amen de todo tipo de noticias, críticas de discos y conciertos,  y viboreos un pelin trasnochados, eso sí.

Y ahora, sólo durante otros treinta años, completa tu hemeroteca digital por la patilla y consigue también, mediante un discreto movimiento de tu dedo, el número de febrero sin censuras ni nada .

Si lo prefieres, también puedes imprimirlos y disfrutarlos en compañía de la familia, en la cola del INEM o en tus viajes a Botsuana (donde, además, dicen escasea el tissue higiénico).

Y como siempre, respetando fielmente el formato de fotocopias ligeramente torcidas!

El Rockola

Las salas de conciertos siempre han sido objeto de persecución casi inquisitorial en la capital del Reino del Paquidermicida. Hubo muchas, algunas buenas, como Carolina, Morasol, Universal, Jácara… y todas fueron  cayendo víctimas de las maquinaciones de algún vecino Notario o cosas por el estilo. Ninguna sin embargo, ha alcanzado la relevancia del Rockola.

Los 80 fueron ricos en acontecimientos, de eso no cabe duda, pero es imposible subestimar la importancia del costroso club de la calle Padre Xifré, en el que se cocinaron tantos episodios memorables. El Rockola, así con artículo, fue el epicentro de la vida musical de Madrid mientras consiguió mantenerse abierto. Antes de la sala grande estuvo el Marquee, antaño cabaret donde actuaron mucho tiempo Tip y Coll, tan sólo unos metros más allá. De hecho las dos salas estuvieron unidas durante un tiempo, a través de un angosto pasadizo. Como sala, el Rockola no es que fuera el acabose: fea, mal ventilada, repleta de columnas (en la tradición de la arquitectura madrileña del rockandroll)… y sin embargo se convirtió en el punto de encuentro de todos los que tenían algo que decir.

La clave fue la programación, tanto local como internacional. En aquellos años pasaron por su escenario la mayoría de artistas que lo petaban en UK, prácticamente en tiempo real. Eso permitió que por allí desfilaran primeras figuras como Echo and The Bunnymen, Thompson Twins, Siouxsie and The Banshees, Spandau Ballet, Simple Minds, Lords of the New Church … además de un sin fin de grupos no tan enormes pero que sí gozaban del apoyo de la radio y tenían en consecuencia una buena demanda, Fischer Z sería un buen ejemplo. Naturalmente los artistas locales de todo pelaje tocaron allí todos las veces que hizo falta.

Alrededor del Rockola reverdecieron una serie de baretos más o menos infames, algunos de ellos cuartel general de lumis sexagenarias,  que recibían los fines de semana,  a modo de inesperado maná, a hordas de chavales ansiosos por regar la plaza antes de someter a sus hígados a la violencia de los licores expendidos en el mítico antro. En uno de aquellos templos de las cañas fue donde una vez sustrajo Poch un lacón que luego se comió a dentelladas en el Rockola. Este episodio fue muy celebrado en su día, y desconozco si otros cronistas lo han reflejado previamente. También había, a la vuelta, una pizzería excelente que se llamaba Dama, y una cafetería que en su día se llamó Falcon Crest (!). Ni que decir tiene que la clausura del Rockola fue un mazazo para todos aquellos negocietes.

Hace unos años brujuleó por Internet un proyecto para recuperar la memoria del Rockola, y la verdad es que tenía buena pinta. Era en una etapa pre-feisbuc y no rulaba la información como hoy, y tengo la sensación de que se abandonó. En Youtube está todavía este vídeo, en el que desgraciadamente sale Ramoncín

En Moulinsart dábamos cumplida cuenta de cuanto acontecía en aquel inolvidable garito en nuestra sección de conciertos. En el segundo número por ejemplo, los conciertos de The Teardrop Explodes,  Funkapolitan y  unos jovencísimos Depeche Mode, que acababan de publicar su primer álbum (las imágenes son clicables).

Odio Africano

Como ya he comentado en alguna entrega previa, el fanzine nos servía para derramar todo tipo de  sustancias corrosivas sobre una serie de instituciones y personajes a los que convertíamos en blanco de nuestra iras. La sección de noticias breves, titulada “Veneno” en el segundo número, era el foro adecuado.

En honor a la verdad debo empezar por decir que la  tan gráfica expresión “Odio Africano”, se la escuché por primera vez a mi compadre Esteban Calle, y rápidamente la incorporé a mi repertorio: ” Me temo que la radio ya no va a poner más el disco de fulanito. Le han cogido Odio Africano“.

El Odio Africano, que no es por cierto denominación de origen,  es profundo, irracional e irreversible. Todo el mundo desarrolla Odio Africano por algo o alguien en algún momento de su vida y el que lo niegue es un mentiroso. Con las pasiones de la juventud, los episodios de Odio Africano son más virulentos, y en una relación tan visceral como la que nosotros manteníamos con la música en los 80 era imposible no experimentarlos.

De modo que teníamos en nuestro punto de mira a unos cuantos sujetos,  a los que considerábamos enemigos, intrusos  advenedizos o  desterrables de nuestro universo nuevaolero, supongo que pensábamos que había que expulsar a los mercaderes del templo y todo eso. Entre los objetos de nuestro Odio Africano estaban los críticos musicales de Barcelona, las discográficas, sobre todo Hispavox, el grupo Mecano, el productor Julián Ruiz, y el joven-esteta-asturiano Tino Casal.

Este último nos resultaba especialmente risible. En terminología Haddock se le podría definir como vendedor de alfombras, por cuanto, tratando de parecer neo-romántico, iba siempre cubierto por un generoso muestrario de jarapas de variados colores. Realmente nunca le conocimos, y según dicen era un tipo estupendo, pero lo cierto es que ante nuestros ojos vidriosos resultaba bastante patético. Lo que son las cosas, su temprana desaparición le elevó a la categoría de mito,  y ya nunca tuvimos que verle grabando duetos con Raphael ni luciendo lorzas en Supervivientes, como presumiblemente hubiera ocurrido a su debido tiempo.

El productor del finado Neo-Casal era precisamente Julián Ruiz, alguien que inexplicablemente llegó a convertirse en una  estrella, es un decir, de los estudios de grabación. Poseedor de un guardarropa que haría suicidarse a lo bonzo de pura envidia a los gerentes de Sastrería Cornejo, son muchas las leyendas urbanas que circulan en torno al personaje, y sus encuentros con las rock stars. Su éxito como productor es misterio que no esclarecería ni Jiménez del Oso redivivo, sin duda comparable al de Las Caras de Bélmez o al de La Chica de la Curva. Realizó numerosos estropicios, y los damnificados todavía se lamen las heridas a estas alturas. En  este documental cojonudo de La 2 se le menciona varias veces y no con añoranza por cierto. Lo cierto es que Julián Ruiz es un tipo que ama la música, de eso no me cabe duda, pero claro, a uno puede gustarle mucho el porno y eso no le convierte en John Holmes.

Más Odio Africano en próximos posts… (las imágenes son clicables)     

Bow Wow Wow. Marzo de 1982

Tras un merecido descanso pascual y algunas nuevas microlorzas ganadas a pulso, volvemos a la carga con nuestro programa de reediciones del fanzine, abrumados por el éxito.

Estábamos todavía en shock por haber agotado la (exigua) tirada del primer número de las Ediciones Moulinsart, cuando nos pusimos manos a la obra con el segundo. Necesitábamos una cover story, y la elegida fue la de Bow Wow Wow.

Una de las razones de esta elección era que  teníamos la foto, escandalosa en su momento, en la que el grupo reproducía la escena de Le Déjeuner sur L’Herbe de Manet, con su cantante Annabella Lwin en pelota picada, aunque, eso sí, ocultando discretamente las capitales de provincia. Aquí a la derecha la instantánea en cuestión.

La foto en sí no es que diera para muchas maratones onanistas, pero el hecho de que Annabella tuviera sólo 14 años cuando fue tomada, nos producía una cachondez irreprimible (teníamos 18 años y además eran otros tiempos…) así que le dedicamos la portada y un extenso reportaje. No es este un grupo que haya escrito su nombre con letras de cadmio en la historia del pop, pero tuvieron su minutillo de gloria. En realidad eran una especie de spin off de Adam and The Ants, cocinado sabiamente por Malcolm McLaren, que al parecer fue quien les pasó a ambas bandas los discos de Burundi Beat que caracterizaban sus bases rítmicas. En cualquier caso, tenían a su favor una actitud decididamente vitalista, en aquel año de oscurantismo emergente. Y además no cometían los excesos casi falleros de Adam Ant, manteniendo una línea más rocanrolera, por decirlo de algún modo. El que quiera culturizarse más que se lea el artículo clicando en las imágenes para agrandarlo, o que vaya a la Wikipedia como hace todo el mundo.

Para ilustrar el artículo echamos mano de nuestra colección de comics, en este caso de El Hombre Enmascarado, el superheroe en skijama malva con capucha creado por Lee Falk, que tenía un punto selvático y que además reproducía muy bien en fotocopia.

Afirmar “Yo viví La Movida” nunca fue tan fácil (¡y barato!)

Descárgate el número 1 completo en pdf, si te parece bien, claro.

He aquí una oportunidad única para ahorrarte 50 pesetas y de paso ocupar tu tiempo de ocio de Semana Santa, en caso de que diluvie como seguramente ocurrirá. Clicando en el enlace puedes descargarte íntegro el primer número de Ediciones Moulinsart, febrero de 1982, y así estar a la última desde la comodidad de tu hogar.

¿Tu memoria empieza a flaquear? ¿Los excesos de juventud te pasan factura? Revive ahora los apasionantes días de La Movida sin necesidad de ver Cuéntame y tírate el rollo ante tus familiares mientras os atiborrais de torrijas. Tribus urbanas, artistas de vanguardia y cineastas manchegos travestidos, todos ellos en distintos grados de intoxicación, recorren en desordenado tropel una urbe culturalmente en llamas, bajo la beatífica mirada de Tierno Galván

¡¡¡ Y conservando el formato original de fotocopias torcidas!!!

Tú, que eres moderno, clica aquí y bájatelo: Ediciones Moulinsart. Febrero 1982

La alegre vida del fanzinero en los 80

Comparada con las comodidades del  blogger contemporáneo, la vida del fanzinero era bastante sacrificada. En realidad, y aunque ocultábamos púdicamente nuestros calzoncillos, no éramos tan distintos de los modernos cachorrros de internet. La redacción de contenidos, palabra fetiche hoy en día, era en realidad lo de menos: en aquella época no nos faltaba munición, y además teníamos energía teenager para dar y tomar. Otra cosa era ponerlo en bonito.

Ediciones Moulinsart se escribía a máquina, única forma posible en la época. Los que no han experimentado los placeres de la mecanografía tradicional y se han criado pegados a un ordenador, no pueden hacerse una idea de la diabólica experiencia de usuario, como se dice ahora,  cuando la cinta  descarrilaba, había que corregir con tippex, los folios se arrugaban etc. Yo escribía (y escribo) con dos dedos y , por no cambiar la cinta, suplía la falta de tinta con violentos porrazos a las teclas, con lo cual me reventaba los índices en aras de la modernidad. Cierto que tenía bastante práctica, por haber transcrito muchos apuntes, pero era una auténtica tortura. (Por cierto, la imagen es clicable si quieres leer el artículo).

Por lo que se refiere a las ilustraciones (y a algunos textos, como las entrevistas con determinados guiris), ni que decir tiene que el copyright y otras limitaciones no nos preocupaban lo más mínimo. Agarrábamos imágenes de aquí y allá en el más puro estilo baidefeis, dando prioridad a las que, por su contraste o tramado, podían ofrecer un buen resultado en la fotocopiadora. Igualito que ahora con Google Images, vaya.

Para maquetar predominaba el recorta y pega, en su versión más tradicional, esto es, tijeras y pegamento Imedio, este último fuente de fabulosos e inspiradores efluvios. A nosotros nos gustaban mucho revistas como The Face y tratábamos, en modo algo rupestre, de reproducir sus elegantes páginas. Qué infelices.

La guinda del proceso era la tirada, fotocopias (eso sí, eligiendo la mejor máquina  Xerox que encontramos) ordenadas y plegadas (aplastándolas con tomos de la enciclopedia) y grapadas a mano. Todo rigurosamente artesanal. Aún así fuimos capaces de alguna machada, como distribuir en el Carolina el número de marzo un sábado por la noche, incluyendo la crónica del concierto de Department S de la noche anterior, todo ello ante la mirada atónita del grupo, uno de tantos one hit wonders de la época.

KF