La onda siniestra

En el 82 estábamos en plena eclosión del fenómeno que hizo que la gente se vistiera de negro hasta los tobillos, palideciera y adoptara las poses vampiresadas que todavía hoy arrastran los llamados góticos.

Después de la explosión de colorido etc. etc. del punk y la new wave, después de que las chicas tomaran al asalto los armarios de sus madres en busca de coloridos aunque ajados trapos sesenteros, después de que las viejas zapaterías de la calle de La Ruda se deshicieran con asombro de sus últimos pares de zapatos de los cincuenta, que llevaban décadas acartonándose en sus almacenes… llegó la onda siniestra.

En aquellos tiempos, todo lo que en lo musical viniera de Londres se consideraba dogma de fe. Ya existían entonces los early adopters, algunos de los cuales disponían de fondos para viajar a la City, ya fuera porque trabajaban, porque traficaban o porque tenían parientes en Iberia. Estós árbitros de la elegancia marcaban tendencia en el Rockola y otros establecimientos del ramo de modo que, cuando empezaron a presentarse en los conciertos caracterizados como la monja alférez, fueron muchos los que abrazaron la causa, cambiaron el imperdible por el crucifijo y tomaron los hábitos, haciendo del negro su color corporativo.

Personalmente, no me llegó nunca a los tuétanos esta movida, soy persona vitalista y de hábitos diurnos, de modo que esta empanada mental de after punk, ocultismo nórdico y papanatismo trascendente no iba conmigo. Dicho esto, en la redacción sí había algunos devotos del género (Enrique Sauer, ¡manifiéstate!), y en consecuencia le dedicamos bastante espacio en el fanzine, se suponía que éramos cronistas de la actualidad… Sobre todo a artistas de cierta enjundia como Bauhaus, que ya tuvieron su artículo en el primer número (clica la imagen si quieres leerlo sin lupa).

Los promotores se apresuraron a contratar a las figuras punteras del movimiento, esto se hacía muy bien por aquel entonces, y particularmente recuerdo los buenos conciertos que dio Killing Joke. Una conocida aprovechó para beneficiarse al guitarrista, que era muy buen mozo y que, más allá de las poses mortuorias tan en boga en el momento, estaba dispuesto a pasar por este valle de lágrimas sufriendo lo justo. Hacía bien.

KF

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