Radio Futura, ¿qué ocurrió entre la moda y la estatua?

Pocos grupos de los 80 han logrado acumular el prestigio y la credibilidad de Radio Futura. Sin embargo, hubo un momento en el que el perfil público del grupo se desdibujaba… aparentemente

Después del descalabro conceptual que supuso Música Moderna, un disco (no muy bueno en realidad) que su compañía quiso mercadear para fans, y de la salida de Herminio Molero y Javier Pérez Grueso, el grupo perdió el favor de los dioses y  se quedó en tierra de nadie. Las radios que cortaban el  bacalao cool  les dieron la espalda y su compañía, Hispavox, los relegó al dique seco, incapaz de vislumbrar una salida para la banda. Recuerdo perfectamente un concierto en el Marquee con muy poquita gente, y a Gonzalo Garrido refiriéndose a ellos en su programa de Onda 2 como “un grupo en franca decadencia“. También conciertos en una Escuela de Caminos bastante desolada, y hasta en un minúsculo garito, casi putiferio en la zona de Antón Martín, regentado por Miguel Ángel Arenas, … Paradójicamente, el grupo crecía artísticamente a pasos agigantados, de tal manera que los  fieles, que en ese momento no éramos tantos,  asistíamos a un progresivo reclutamiento de seguidores cada vez más convencidos. Nosotros ya  dedicamos a Radio Futura un artículo de Extanislao “Tanito” Abellán en el primer número (clica la imagen para leer el artículo).

 En realidad, y aunque había quien era incapaz de verlo,  la progresión del grupo era imparable. El carisma de Santiago y Luis Auserón, la guitarra prodigiosa del recientemente desaparecido  Enrique Sierra y el sonido de la banda en directo (con Solrac a la batería) componían un cuadro completamente distinto al de las bandas locales que veíamos cada día en los escenarios. Y sobre todo estaba el repertorio. Ya estaban tocando Escuela de Calor, Un Africano Por la Gran Vía, Historia de Playback, Rompeolas… y hasta alguna inédita que no llegó nunca a grabarse (recuerdo un tema llamado Drácula).

A todo esto, Hispavox les rechazaba las maquetas y sólo lograron liberarse de su yugo después de la prodigiosa Estatua del Jardín Botánico, para terminar grabando aquel repertorio enorme con Ariola en La Ley del Desierto / La Ley del Mar.

No me enrollo más, en un número posterior de Moulinsart hay una entrevista con el grupo y ya retomaremos. Sólo comentar que llevo todavía en la retina la imagen de Santiago y Luis Auserón saltando al público desde el escenario de Rockola, en pleno concierto, para sacudir mamporros (con notable soltura debo decir) a alguien que estaba  a su vez metiéndole a su hermano (… creo, mis recuerdos de la época no son 100% nítidos, y no sólo por el paso del tiempo). Terminado el incidente volvieron al escenario y siguieron con el show como si tal cosa, ¡qué superestrellas!

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